Mural prehispánico sale a la luz tras años de restauración

El mural Los bebedores, pintado hace 1,800 años con colores muy vivos, había permanecido oculto hasta que fue descubierto en 1969 en el interior de la Gran Pirámide de Cholula. De 60 metros de longitud y una altura promedio de 2.5 metros, el mural fue pintado en un nivel inferior de la Plaza de los Altares, que hacia el año 200 d.C. era la fachada de uno de los edificios de la ciudad, así que estaba a plena vista. Sin embargo, siglo y medio después fue cubierto “con una etapa constructiva a la que se decoró con diseños más geométricos”. Ahora podrá ser admirado durante “visitas controladas” en las temporadas en que los restauradores trabajan en el sitio. En esta temporada, los interesados podrán conocer el mural hasta la primera semana de julio, precisó el organismo. En la obra hay 164 personajes que participan de una celebración donde el pulque corre a manos llenas, así que todos están “en estado de embriaguez”, señala Enrique Lozoya, del equipo de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH que trabaja en el lugar.

La leyenda

 

El pulque es una bebida alcohólica muy tradicional del centro de México; su consumo prevalece en las zonas rurales y en menor medida en las ciudades del centro del país. Su origen es desconocido, pero debido que tiene una función primordial en la religión prehispánica, muchas leyendas explican sus orígenes, la mayoría de ellas asociadas a la diosa Mayáhuel. En principio Mayáhuel era una hermosa joven que vivía con su abuela, una tzintzimitl (las tizintimime eran estrellas que intentaban impedir que saliera el sol). En una ocasión, Quetzalcóatl la convenció para que bajase a la tierra para amarse convertidos en las ramas de un árbol bifurcado. Pero cuando su abuela se despertó y no vio a Mayáhuel, llamó a otras tzitzimime para que bajasen a la tierra para ayudarle a buscar a su nieta. Cuando se acercaban el árbol se separó en dos, entonces la abuela, descubriendo a su nieta como una rama, la despedazó y dejó los restos para que los devorara otra tzitzímitl. Sin embargo la rama en que se había convertido Quetzacóatl permaneció intacta. Cuando se alejaron, Quetzacóatl tomó los restos de la joven virgen y los enterró. De ello brotó la planta del maguey, de la que se extrae el pulque, usado en las ceremonias como bebida ritual y ofrenda para los dioses. Así, tras su muerte, Mayáhuel se convirtió en diosa.

DIOSA MAYAUBEL
DIOSA MAYAUBEL

En los tiempos prehispánicos, los aztecas consumían el pulque en las ceremonias religiosas. Se le recomendaba también a mujeres cercanas al parto y lactantes. Durante la época prehispánica, el pulque era usado en ceremonias principalmente por los sacerdotes, para poder tener una mejor concepción de los mensajes que enviaban los dioses, usado principalmente en la región del altiplano mexicano. Posterior a la Conquista española, la bebida se volvió secular y su consumo aumentó. El pulque alcanzó su auge a finales del siglo 19 para empezar a decaer en el siglo siguiente cuando la cerveza se convirtió en la preferida debido a la llegada de los inmigrantes europeos. Restaurando el pasado La restauradora perito Dulce María Grimaldi, responsable de los trabajos, detalla que la intervención sobre la pintura mural partió en 2009. En esta temporada los esfuerzos se han centrado en el diagnóstico del problema de humedad en la última sección de Los bebedores, de ahí que algunas de las imágenes estén ocultas por papetas. “En el exterior hemos realizado una serie de análisis y de registros para saber cómo está funcionando la captación de agua no sólo en el edificio, sino en sus partes colindantes, para canalizarla y evitar afectaciones en la superficie pictórica durante este periodo de lluvias”. La restauradora Grimaldi comentó que si bien no existen las condiciones para efectuar una visita abierta a los murales, es importante que éstos se conozcan “porque lo que no se conoce, no se aprecia. Lo que da sentido a la aplicación de estas técnicas de conservación es que finalmente la pintura pueda ser compartida con los visitantes”.

Parte del mural en restauración.
Parte del mural en restauración.

Entre el pequeño grupo que admiró hace unos días los murales Barras y estrellas y Los bebedores, se encontraba Blanca de Lara, una joven dedicada a la terapia de arte; Damián Villaseñor, estudiante cholulteca de 16 años que no había tenido la oportunidad de observarlos, y Carlos Tello, un muralista mexicano que ha dejado su impronta en el Capitolio de Oklahoma, entidad estadounidense donde ahora radica. En colores aún vivos después de mil 800 años, frente a sus ojos emergieron personajes delineados con gran destreza. Todos ellos con vasijas de las que se desbordan líquidos, penachos y taparrabos, sentados o en cuclillas, alguno inclusive defecando, además de seres con máscaras zoomorfas. Lo más impresionante para Blanca de Lara fue toda la gama cromática desplegada en los 180 m2  que abarca Los bebedores, “poder comparar los colores reales que existían, qué tan intenso era el rojo, el amarillo o el verde, es extraordinario ver todo este espacio con esa cantidad de color. Me voy más que emocionada”, expresó. Para visitar el mural es necesario inscribirse en el área de Difusión de la CNCPC, llamando al 5022 3410 ext. 413243, o en el correo electrónico: lucrecia_castro@inah.gob.mx. Únicamente se realiza una visita por día (lunes, miércoles y viernes), en punto de las 12:15 horas, con un grupo de ocho personas.

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